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Sociedad peruana IV: Educación

Hoy en el Perú, alrededor del 90–95% de los adultos ha culminado la educación primaria, y aproximadamente el 75–80% ha terminado la secundaria. No es un logro menor en un país de geografía tan diversa y con profundas desigualdades históricas. En muchas familias, la generación actual es la primera en terminar el colegio — y muchas veces también la primera en pensar en ir a la universidad.

El verdadero cuello de botella está en la educación superior.

Solo alrededor del 30–35% de los adultos peruanos cuenta con algún tipo de formación postsecundaria. De ellos, aproximadamente un 15–20% culmina estudios técnicos o no universitarios, y cerca de un 15–18% obtiene un grado de bachiller universitario. Los grados de maestría o superiores siguen siendo poco comunes: apenas entre 3–5%.

Versus Sudamérica y los líderes mundiales

En Chile, que suele considerarse uno de los líderes educativos de Sudamérica, la proporción de personas con educación terciaria es mayor en general, y alrededor del 6–8% de los adultos tiene una maestría o un grado superior. En Uruguay, la tasa de maestría se estima entre 5–7%, modesta en comparación con estándares globales, pero por encima del Perú.

Si miramos hacia el norte, en Estados Unidos el panorama cambia de manera significativa. Aproximadamente el 13–15% de los adultos posee una maestría o un grado superior. En Canadá, la cifra es similar — entre 11–13% — respaldada por un sólido sistema de educación de posgrado y políticas activas de inmigración calificada.

En Corea del Sur, alrededor del 8–10% de los adultos tiene una maestría o más. El sistema coreano destaca por sus altas tasas de culminación del bachillerato universitario, y la educación de posgrado continúa expandiéndose de forma sostenida.

En gran parte de Europa, la proporción de adultos con maestría promedia entre 12–15%, aunque varía considerablemente según el país. En Europa del Norte y Europa Occidental, las cifras suelen ser más altas, en parte gracias a la estandarización del sistema de Bolonia y a universidades públicas sólidas.

Una diferencia clave entre el Perú y países como Estados Unidos o Canadá es la inmigración. Una parte importante de quienes tienen maestrías y doctorados en Norteamérica son inmigrantes: ingenieros, investigadores, médicos y profesionales del sector tecnológico que obtuvieron sus títulos en el extranjero o llegaron como estudiantes internacionales y decidieron quedarse. Sus credenciales elevan las tasas nacionales y alimentan ecosistemas de innovación.

En cambio, Corea del Sur ha logrado altos niveles de educación superior principalmente mediante una fuerte inversión interna y un marcado énfasis cultural en la formación universitaria, más que a través de la inmigración.

El Perú, por su parte, suele ser más emisor que receptor de profesionales altamente calificados. Muchos peruanos realizan maestrías en Europa o Norteamérica y desarrollan allí sus carreras. Ese flujo hacia el exterior influye en las estadísticas nacionales de posgrado.

Siguiente capítulo

El país ha logrado, en una generación, ampliar de manera significativa el acceso a la primaria y expandir la secundaria. El siguiente capítulo pasa por fortalecer los institutos técnicos, consolidar universidades de investigación y hacer que los estudios de posgrado — especialmente las maestrías — sean más accesibles y atractivos dentro del propio país.