¿Realmente quieres ver el “verdadero Perú”?

Una de las palabras de moda más sobreutilizadas en el marketing, “curado”, está perdiendo poco a poco su poder. Hoteles curados, contenido curado, fotos curadas, itinerarios curados: el término se ha convertido en un comodín que, al igual que los estándares europeos de producción de zanahorias, lleva al descarte de todo lo que no encaje en un conjunto estrecho de criterios predefinidos. ¿El resultado? A menudo nos presentan una versión pulida e idealizada del mundo, una que pasa por alto la asimetría, la imprevisibilidad y la belleza cruda de la realidad.
Ofrecer a los clientes una experiencia verdadera, sin filtros, que coincida con su idea de “auténtico” puede ser un reto. Tomemos nuestra cafetería favorita en Ollantaytambo, que aparece en la foto. No encontrarás allá exhibiciones de textiles locales, bebidas hechas en la región ni campesinos quechuas. En su lugar, puedes pedir tu café fresco en inglés, beberlo mientras admiras recuerdos de los años cincuenta de Estados Unidos y conversar con motociclistas de Harley. ¿Es esto auténtico? ¿Es esto el “verdadero Perú”?
La autenticidad no siempre se trata de encajar en una idea preempaquetada de lo que "debería" ser un lugar. A veces, se encuentra en lo inesperado, en la fusión de culturas y en los momentos que no encajan perfectamente en una narrativa curada.